No importa que su vieja tenga un culo firme trabajado en gimnasio, no hay nada como chingarse un culo gordo y grasoso.

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Todos los amigos lo envidian por tener una esposa tan culona, tan joven y adicta al gimnasio. Sin embargo, él ya está harto de coger carne de primera todas las noches. Por esta razón, aprovechó que su mujer fue a un concurso de fitness y se cogió a la señora del aseo. Cuando la madura limpiaba la alcoba matrimonial, el patrón apareció con la verga parada. La mujer quiso escapar, pero al sentir el camote entre las piernas se derritió. Antes de montar la verga, se persignó y pidió perdón por ser una adicta a las pingas grandes. De este modo, el jefe apretaba las gelatinosas nalgas en sus manos y las sacudía. A ratos cargaba ese pesado trasero para hacerlo brincar y gozar unos sentones chingones. Así mismo, la sirvienta se lucía con su perrito vaginal, ya que su pucha estaba entrenada para succionar vergas. Lo aprendió cogiendo con otros patrones.

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No importa que su vieja tenga un culo firme trabajado en gimnasio, no hay nada como chingarse un culo gordo y grasoso.

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